
Cuando alzó la cabeza para incorporarse todo dio vueltas sobre él, y también en él. Esas cuatro paredes se le hacía familiares, pero aún así no reconocía las machas de vomito sobre el tapete al lado de la cama, tampoco reconocía el pachulí de la mulata con culo astronómico que roncaba a su lado, comenzó desesperadamente a zarandear a su compañera de cama, para que ella le diera explicación a ese cuadro tan surrealista de sí mismo.
¿Quién eres?-
Jacinta.
Jacinta no era un nombre muy común, tampoco lo era su cuerpo esculpido en las favelas de rio, o cualquier comuna colombiana, A saber
¿de dónde había salido ella?.
Y, ¿donde está Sandra?
No sé quien es Sandra, me dijiste que me pagarías por la mañana. Ahora dame los trescientos euros que me prometiste, es tarde y me están esperando abajo.
¿Trescientos?
Si trescientos, y no te hagas el chino que esa es mi tarifa.
Finalmente Jacinta se salió con la suya y le arrancó los trescientos euros del alquiler de un solo manotazo, quien sabe si su chulo la estaba esperando realmente pero ante la falta de memoria es mejor no arriesgarse.
Levantó como pudo su humanidad de aquel catre cundido de pulgas de otros, se lavó la cara con el agua turbia que salía del grifo, no recordaba nada, solo sabía que se llamaba Cesar, el de ojos rubios y el pelo cenizo, el de labios finos y manos sin callos, Cesar el de la cartera vacía, con unas llaves sin puertas para abrir.
Jacinta era la única que podía saber algo, entonces salió corriendo de la pieza de mala muerte tras ella, sería fácil de encontrar con el contoneo de sus piernas largas.
¿Donde habrá ido?
Las nubes de carros se abalanzan sobre la ciudad, los niños vestían de uniforme, y los hombres de trajes con oscuras corbatas, está solo en medio de la calle castilla, el semáforo en verde le hace cruzar instintivamente y la ve sentada en la barra de una cafetería bebiendo café con tostadas. Al verla sus tripas crujen no sabe bien si de la impresión o del hambré, decide sentarse a su lado y pedir un café,
¿Te acuerdas de mí?
Sí.
¿Entonces dime quién soy?
Casi nadie sabe quién es, no te empeñes en hacer preguntas que tal vez no tengan respuesta.
¿Dónde me conociste?
En la calle como a todos, ni siquiera sé cómo te llamas.
Me llamo Cesar
¿Donde está Sandra?
Estabas solo, no sé quien es Cesar, mucho menos la dichosa Sandra.
El silencio comenzó a invadir cada instante de las pocas horas que llevaba viviendo ese día, sentía que de repente pasó de ser un Don Nadie, a ser simplemente Nadie.
¿Cómo podía existir sin saber que era parte de la vida de otros?
Otros nadie como él, no lo echaban en falta, Nadie había notado que no estaba dormido en su cama, o que ese día no fue a trabajar las ocho horas rutinarias de los señores vestidos con trajes y corbatas oscuras.
Jacinta no podía ser parte de su vida como ya lo había afirmado, porque ella como casi todas las mujeres, sabía perfectamente quien era ella. Alguien que sabe quién es, no cruza su camino con Nadie.
Por Katho Gomez.