domingo, junio 15, 2008

Narciso



Cuando fui novia de Narciso.

Narciso era un tipo más bien normal, no tenía músculos, ni ojos azules, tampoco tenía plata, pero por alguna razón él pensaba que sería una gran pena que habiendo tantas mujeres en el mundo muchas se quedaran sin probar su mieles.


Narciso desayunaba un Marlboro rojo con un tinto de 200 pesos, lo hacía por necesidad aunque también creo que lo hacía porque así en su futura y magnifica biografía se podría decir de él que fue como los grandes escritores que han habitado el mundo poco comprendido y despreciado, a este tipo de grandes escritores de barrio les gusta eso, que las casas editoriales le rechazan para así seguir con la leyenda de mercenario con las palabras.


De narciso me llamaba la atención que no vestía muy elegantemente más bien tenía la misma ropa desde que dejó la universidad incluso el mismo par de zapatos con su respectivo agujero en la suela, Recuerdo que le regalé una camisa a rayas muy finitas azules y blancas 100% algodón, preciosa digna de mi Narciso sé que aún conserva la camisa con cariño. Todo eso me parecía romántico e idílico además de que echábamos buenos polvos.


La primera noche que dormimos juntos lo hicimos sobre una vieja colchoneta que no sé quién le había prestado, y como su hermano mayor con quien vivía en el apartamento llegaba tarde esa noche, decidió tomar prestado el único ventilador que había en la casa, a las 3am cuando su hermano llegó entró sin mediar palabra y arrancó de un solo tirón el ventilador del enchufe, fue entonces cuando percibí la maravillosa sinfonía 4ta de los mosquitos devora gente que también habitan en el viejo barrio del prado.


Esa semana a Narciso le dolió una muela, el pobre era tan pobre que tuve que ir a la farmacia a comprar el analgésico, como después tuve que ir el restaurante a comprar la comida, y así hasta pagar prácticamente casi todo lo que conllevaba esa relación. Fue así como me convertí en la ONG de Narciso, cuando salíamos por allí a frecuentar su amplio círculo de amistades y conocidos pseudo intelectuales, pseudo famosos, Pseudo faranduleros, caí en cuenta de que muchos saludaban a Narciso por cortesía pero que en realidad y a sus espaldas hablaban muy mal de él.
Decían cosas como que era un sínico, un ardido, un envidioso, un mequetrefe, a y la que más me gustó,
un tipo que solo comía carne cuando otro pagaba.
La larga lista de ex novias de Narciso era larga muy larga, pero curiosamente ninguna quería saber nada de él.



Al tocar este tema simplemente decía que estas mujeres estaban locas, que lo perseguían, lo llamaban, lo acosaban y que le habían hecho mucho, mucho, mucho daño. Pobrecito mi Narciso allí estaba yo para curar todas esas heridas que aquellas zorras desgraciadas habían dejado en su corazón. Y que no le permitían quererme o confiar en mí como yo me merecía.


A mi adorado amor le bailaba un poco el ojo, le bailaba tanto que bastaba con darse la vuelta para que él sacara aquel bello discurso de No te merezco, eres demasiado buena para mí, soy un canalla, gracias por todo, eres la mujer que más me ha dado, perdón. y así sucesivamente hasta que 1, 2, 3, 4 y no sé cuantas veces perdoné que él se compartiera del ombligo para abajo con muchas chicas. Y eso que narciso no era bello, más bien era un tipo resultón. Que recitaba textos de Cioran, Baudelaire o de cualquier autor con apellido raro, eso le daba ese toquecito mórbido de intelectual.


Siempre lograba resarcirse con una de sus frasecitas celebres, aquella de que

le gustaban mis ojos porque eran como las ciénagas de su pueblo, por eso le hacía feliz verse reflejado en ellos

Narciso era un tipo muy inteligente, con una inteligencia de esas para las matemáticas además había pisado muchas universidades pero ninguna le satisfizo. Así era mi narciso hasta que yo de tanto dormir con él me cansé y decidí irme con otro, hay que Cínica igual que él. Ya lo reza el viejo refrán

Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición.

Entonces cuando me pilló decidió que no había nacido la mujer que lo dejara, que yo no era más que una de esas señoras de las cuatro letras, su ego herido se desangraba ante mis ojos.


¿Acaso no era narciso el mejor hombre de la tierra? Él con sus mañas de caballero andante, con sus historias de fabulas a los Saint Exupéry . Ay Narciso algún día me iba a arrepentir de haberlo dejado, seguramente se hará famoso, tendrá mucho dinero, para poder irse a París y así poder decir con gusto que era internacional, cuando los tabloides lo aclamen, le den el nobel de literatura, o el pulitzer a la mejor fotografía, por que así lo merecían sus múltiples talentos. Quien sabe y a lo mejor también le dan un Oscar.





Señor Lector si ha sido capaz de llegar a este punto ahórrese los comentarios sobre quien puede ser mi adorado Narciso. Sepa que este texto está escrito solamente para mi goce y deleite.

Continuo.
Narciso no entendió que yo la niñita de barrio le dejaba, que ya no le quería entonces decidió como un niño de guardería halar me de los pelos y darme una paliza, me dio tanta pena Narciso cuando me gritaba diciendo que me lo merecía, tratando de hacerme entender que esa era la justa consecuencia de mis actos, reivindicando su poderío machista, y obviamente Narcisista. Le diría a los demás sobre mi supuesta mitomanía, mis celos, lo desquiciada que fui, la misma historia que en un principio me había contado de las otras. Todo había llegado al punto de no retorno.

Si por casualidad alguien le pregunta a Narciso por mí, él dice ¿Quién? No conozco a nadie con ese nombre, cuando alguien me pregunta por Él yo le digo la verdad. Continúa mirando su reflejo en el agua.

Por: Katho Gomez.