
Las gotas de sudor resbalan por su frente. Tiene demasiada sal en el cuerpo. demasiadas ganas reprimidas. Necesitan conservar la distancia. Porque no le gusta sentirse a merced de esta señora. Con sus caderotas y su perfume francés. Huele a rosas. Pero desde siempre las rosas le olieron a muerto. Así podía quedar él como el marido rico de su amante se enterará de aquellos encuentros de 4 horas en los moteles que cunden por la circunvalar. A él le gustaría pagar un hotel digno de ella, pero en esos hoteles la conocen. Solía quedarse allí con sus hijas mientras reparaban la casona de estilo republicano que recibió como regalo de aniversario. Además su sueldo como profesor de baile no le daba para más, aunque eso tampoco era importante ella pagaba encantada y siempre en efectivo ( los extractos de las tarjetas llegan a su domicilio) como decía era la señora quien pagaba las horas que dedicaran para el placer mutuo.
Su celular sonaba en los momentos más inoportunos. Era ella quien le llamaba cuando se podía escapar. Casi siempre cuando sus hijas iban a clases de Ballet. Aparcaba su camioneta blindada, acto seguido tomaba un taxi hacía lo que parecían parques temáticos, egipcios, galácticos, o con pinta de casinos. Tienen habitaciones decoradas con espejos en el techo ,y hasta unas cosas raras llamadas sillas del amor, muy parecidas a las camillas ginecológicas. Ella le esperaba.
Pedro debía dejar lo que estuviera haciendo en el momento. Inventar cualquier excusa , había tenido que enfermar a la abuela muerta un par de veces. Inundar la casa, sufrir de colon irritable y no sabe cuantas cosas más. Hasta tenia un cuaderno donde anotaba las excusas y no correr el riesgo de olvidarlas y así no cagarla con su jefa. La dueña de la academia de baile. O casualidad ambos desaparecían esos tardes de clase de ballet , que suerte que la gente tiene problemas propios y muy pocos tienen tiempo de ponerse a atar cabos.
Atado así se sentía. No iban a cine, ni a comer, no tenían derecho de pasearse por allí como si nada. el solo se erguía para que ella desatara la furia del Apocalipsis sobre él. En cuatro horas lo podían hacer hasta 5 veces. No se entendía, de quien eran las manos o piernas. Tampoco la saliva o los flujos. Simplemente cumplían con su deber de comerse y digerirse. Ella nunca se duchaba. No tenía porque hacerlo. Su marido no la iba a tocar ni sin culpa. Además lo que sí podía delatarla era el olor de los jabones en miniatura que ponen en esos lugares. Como decía ella, Hacia mucho que era un florero más de su casa.
Todo era una farsa. Una niñas estupendas, educadas en colegio bilingüe, una casa magnifica. besos y mas besos en publico. A pedro siempre le parecía que el marido de su amante era como los políticos americanos en campaña electoral. Los mejores candidatos pero los peores presidentes. Tal vez el marketing había logrado llegar hasta lo que parecía una familia feliz.
Pedro era el peor candidato con casi treinta años 15 menos que su amada. Seguía viviendo con su padre y hermanos pequeños, en parte por que ellos le daban sentido a su realidad irreal. Nunca se había enamorado. las mujeres iban y venían de su vida como los zapatos, las camisas o los osos de peluche que alguna cursi le regalaba. Se cansaba rápido de las mujeres , pronto muy pronto dejaban de tener significado.
Le gustaba mantener la distancia. Parecía hecho de teflón. Pero la mujer de las caderotas, rompió la coraza . de repente . Se vio desnudo , involucrado y perdido.
Todo acabará, él lo sabe. Probablemente el día que le diga que la ama. Por eso nunca lo dirá. Seguirá yendo a trabajar en bicicleta, dándole de comer a su perro labrador, manteniendo la distancia sin saludar mas de la cuenta, sin que se le noten los cinco polvos de las cuatro horas de amor robado. Al señor de las empresas y los grandes capitales. Finalmente se atreve a pensar que No hay que pervertir al sexo. El amor es el invento para los pobres tontos que se casan.
Por Katherine Gomez
A Jack. para que sigas bailando TANGO.
