
Es la hora del almuerzo, las calles se inundan con el olor de las frituras y los potajes, él no recuerda cuando fue la ultima vez que comió algo caliente o sin caducar . Ahora en su mano solo reposa una cerveza de un litro cuando la luz traspasa la botella se vé claramente que hace falta mas de la mitad del contenido. Está descansando en el fondo del callejón solo mirando hacia el cielo. Como quien espera que algo caiga de repente. Como si ese Dios que da por muerto le fuera a hablar para solucionar su pasado.
A esas horas acostumbraba ir al bar. frente a la fabrica donde trabajaba tomaba una caña mientras esperaba una mesa para llegar después de las 4 a casa ver la TV hasta que el sueño lo atropellará con el control en la mano y una pierna colgando del sofá. Luego sus hijos regresaban de clase le sacaban dinero a escondidas de la billetera y se iban por el mismo lugar donde había llegado . Sin decir nada.
su mujer a la que conoció en la fiesta de matrimonio de una prima la misma que le metieron por los ojos pasadita ya los 30 aparecía con las bolsas de la compra. Gruñendo un -Hola- pero diciéndole con la mirada que esperaba que él ya no estuviera allí. Recordando lo infeliz que ahora eran.
Una noche pensó que la solución sería matarla. Simular que calló en la bañera golpeándose la cabeza . O tal vez pagando a unos matones que hicieran creer un asalto frustrado. Pero entonces pensó en los dos hijos ingratos como la madre que tenían. Hasta pensó que la madre muerta les haría reaccionar tomándolo más en cuenta. Pero tenía en contra a su conciencia , esa que no le permitía ni robar las revistas en el carrefour.
Luego de trabajar dejó de ir a su casa quedándose en bar, frente a la fabrica y cambiando la cerveza por Whiskey , ya no era un trago simplemente pedía la botella para evitar el tramite de encargar al camarero que lo sirviera.
Retornaba en coma etílico para dormir y ducharse, los días 30 de cada mes dejar el salario sobre la mesilla. Cada cosa estaba dispuesta. Si él no daba que hacer en esa casa. Ya estaba resignado . Los problemas llegaron cuando la gente de la fabrica lo veía ir tambaleando por la acera. Caminando en un continuo zigzag . Pero mientras cumpliera sus labores y horarios no le podían despedir hacía ya 18 años los mismo de su hijo mayor que rigurosamente cumplía con todo. Era lo único que le orgullecía trabajar para aquella multinacional que le permitía decir con dignidad que era útil.
Su vida personal era una mierda. su hoja de vida intachable. Cada vez la hora de salida del bar se alargaba cerraban a las 2am así que se alguna vez se quedó a dormir en el coche. Cambiado la corbata para el día después sin que se notara además del tufo que no había dormido en casa. Era lo más parecido que tenía a la libertad, sin tener que matar a nadie.
Esa mañana debía presentar un informe de ventas. Su grupo de trabajo lo esperaba impaciente la crisis económica del país se había reflejado en los bajos cumplimientos. Pero no era para alarmarse cosas peores ya habían pasado. No contó con que el gerente debía cortar algunas cabezas para advertir a la gente y mantener a los accionistas contentos . El informé no estaba bien hecho , errores de principiante lo delataban. Sabía que era su fin. Le permitieron renunciar .
Siguió saliendo todos los días a las 8:00 am vestido como de costumbre pero ahora secretamente a buscar trabajo. Los ahorros de las cesantías se agotaban , muy pronto debía pagar la matricula universitaria de uno de sus hijos. Al regresar sin éxito encontró a Martha sentada en el sofá esperándolo esa mañana lo llamó a la oficina donde le informaron que el señor ya no trabajaba allí. 4 meses le duró la farsa el motivo de la llamada ahora no importa. ¿ como pagaremos la hipoteca? Fue lo único que se le ocurrió preguntar . Su única preocupación .
Ahora 2 años después de que el banco embargara todo lo embargable. Y su ex mujer le odiará todo lo odiable. Miraba al cielo solo podía pensar que la cerveza se acabaría pronto . Debía esconder los cartones que hacían las veces de colchón ortopédico en aquel agujero del callejón para no perderlos. Probablemente mañana iría al comedor de las monjas para comer algo caliente y seguir mirando al cielo.
PD Al hombre de Zaragoza.
Por Katherine Gomez
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