martes, marzo 27, 2007

COMO TE CAMBIA LA VIDA.


He descubierto una vida después de la vida.
unos ojos pequeños y verdes que me buscan esperando nuestro encuentro
encontré tu olor a mi leche en medio de las sabanas de colores
me gusta poner en tu cuna sabanas de colores y dejar atrás el farto ojalillo y el encaje.
te encontré riendo y jugando porque descubriste tus manitas y ahora las llevas a la boca dejando atrás el chupo, que tanto temía adictivo.
te encontré y te regalé mi corazón por completo y enterito te lo tragas cada mañana.
descubrí que cuando hace frió duerme más de la cuenta, igual que yo. porque sabes que bajo tus sabanas estas más arrunchadita.
me encantan tus mejillas rosadas y tu boquita de ángel.
y me desbordas cuando al ir a tu encuentro bajo las sabanas en plena madrugada te ríes y me dices HA HA Y mi pobre corazón siente que me haz llamado MAMA por primera vez.

TE amo.
tu HA HA.

miércoles, marzo 21, 2007

ABRIL



ABRIL.
CON CASI 4 MESES.
UN ABRAZO

PENA

UN CLASICO. DE LA MÁS GRANDE.

jueves, marzo 15, 2007

MEMORIA CELULAR


Si los niños conviven con las críticas, aprenden a condenar.
Si los niños conviven con la hostilidad, aprenden a pelear.
Sí los niños conviven con el miedo, aprenden a ser cobardes.
Si los niños conviven con la compasión, aprenden a compadecerse a sí mismos.
Si los niños conviven con el ridículo, aprenden a ser tímidos.
Si los niños conviven con los celos, aprenden lo que es la envidia.
Si los niños conviven con la vergüenza, aprenden a sentirse culpables.
Si los niños conviven con la tolerancia, aprenden a ser pacientes.
Si los niños conviven con el estímulo, aprenden a estar seguros de sí.
Si los niños conviven con el elogio, aprenden a apreciar.
Si los niños conviven con la aprobación, aprenden a gustarse a sí mismos.
Si los niños conviven con la aceptación, aprenden a encontrar amor en el mundo.
Sí los niños conviven con el reconocimiento, aprenden a tener un objetivo.
Si los niños conviven con la generosidad, aprenden a ser generosos.
Si los niños conviven con la sinceridad y el equilibrio, aprenden lo que son la verdad y la justicia.
Si los niños conviven con la seguridad, aprenden a tener fe en sí mismos y en quienes los rodean.
Si los niños conviven con la amistad, aprenden que el mundo es un lugar bello donde vivir.
Si los niños conviven con la serenidad, aprenden a tener paz mental.

¿Con qué están conviviendo tus hijos?

Elegí para comenzar con esta reflexión de Dorothy L. Nolte con el propósito de que cada padre que lea esto haga su propia auto-evaluación de lo que está grabando en la ‘memoria celular’ de sus hijos. Hasta hace algún tiempo se creía que solo registrábamos las experiencias a nivel ‘cerebral’, pero estudios recientes demuestran que al igual que los códigos biológicos se traspasan a través del ADN que funciona como la memoria generacional, también las creencias, los hábitos, los valores, las capacidades, las emociones y los comportamientos se imprimen en cada célula lo cual genera patrones repetitivos psicológicos.

La ‘memoria celular’ se define como la capacidad de las células de los tejidos que viven de memorizar y de recordar las características del cuerpo en el cual se originaron. En los últimos años se ha demostrado que los individuos receptores de órganos donados han comenzado a tener comportamientos, emociones, sensaciones y preferencias que no correspondían a sus características anteriores, es decir que parecían no pertenecer al receptor.
Estos nuevos rasgos al ser investigados verificaron que pertenecían a su donante. ¿Cómo pudo ser esto? Por la ‘memoria celular’.

Les trasmitimos a nuestros hijos nuestra historia personal, la de nuestros padres, nuestros abuelos, a menos que de manera consciente elijamos cambiar nuestras pautas personales y transformemos la información que está programada en nosotros. Somos ‘biocomputadoras’ que responden a la programación mental y emocional de nuestros antecesores y de las huellas o impresiones que vamos grabando los primeros siete años de vida de las personas que nos crían y están en nuestro círculo de influencia.

Con toda esta programación cada persona interpreta sus experiencias personales funcionando como uno de los más importantes filtros que moldean la percepción o manera de ver la realidad. Por eso es responsabilidad de cada ser humano asumir cambios para cambiar su realidad.
Los padres que asumen la responsabilidad de darse cuenta de sus propias fallas en la programación, tienen la posibilidad de corregir ésta, al igual que cuando el computador nos presenta error en un programa y lo corregimos entrando al sistema y reprogramándolo o desmontando el programa y remplazándolo por uno que sea más eficiente y nos permita llenar las necesidades que tenemos para operar adecuadamente.
Les enseñamos a los niños nuestras creencias, hábitos, valores y comportamientos; les enseñamos a reprimir las emociones, a esconderlas y avergonzarse de ellas; y con el paso del tiempo los niños dejan de ser auténticos porque han olvidado quiénes son en realidad. Esta es la paradoja de la vida, lo que percibimos de nosotros mismos, nuestra auto imagen o personalidad es una combinación de experiencias guardadas en nuestra ‘memoria celular’ a partir de las huellas que han dejado en nuestra historia quienes nos antecedieron, pero a la vez podemos cambiar y trasformarnos haciéndonos responsables de la vida que se nos ha regalado despertando nuestra conciencia para hacer lecturas nuevas de las realidades repetitivas y dar la oportunidad a nuestros hijos de mejores diseños personales porque hemos incorporado modelos más sanos y armoniosos.

Un ejemplo muy ilustrativo es la historia de dos hermanos gemelos que cuando fueron interrogados en un juicio que se seguía a uno de ellos por maltrato a sus propios hijos, robo y abuso de drogas, respondieron lo siguiente:

El hermano acusado: “Imagínese, mi papá era alcohólico, nos maltrataba, estuvo preso muchísimas veces. Con un papá así, ¿qué otra opción me quedaba?”

El otro hermano, reconocido por ser un gran trabajador y quien tenía una relación excelente con su esposa e hijos: “Imagínese, mi papá era alcohólico, nos maltrataba, estuvo preso muchísimas veces. Con un papá así, ¿qué otra opción me quedaba?”

Sabiendo que los filtros y modelos de percepción (creencias), las asociaciones de la memoria celular (grabaciones) y las interpretaciones de cada persona son únicos, podemos aportar a nuestra vida familiar y social significados constructivos o limitantes. Podemos quedarnos en patrones de conflicto o elegir la comprensión y aceptación de la vida como oportunidad para crecer en conciencia y transformarnos o elegir ser víctimas que se quejan, acusan y lamentan sumergidas en el dolor. Podemos aportar conviviendo con otros como ejemplo de vida.

Hoy en día la psicología cuerpo-mente aporta modelos de ‘liberación de la memoria celular y transformación del cuerpo del dolor’ como herramientas terapéuticas que permiten acceder fácilmente a la memoria celular y corregir los registros causantes de malestar y desarmonía impresos en las células de los órganos que forman nuestro cuerpo. Así toda emoción, creencia, valor, hábito y/o comportamiento que cause dolor, sufrimiento o desequilibrio en nuestra vida, pueden ser transformados en energía vital, útil y creativa con la que podemos construir nuevas redes de información física, emocional y mental para nosotros y nuestros hijos.

Por Tere Rosales de Lemus
E-mail: dirsercapaz@etb.net.co

KATHERINE GOMEZ.

martes, marzo 06, 2007

SIN PERMISO




Esta es la historia del mejor de los piropos que me han regalado. Aquella tarde de octubre en el 2004. feliz ochenta años Gabriel. Doña Luisa Santiaga debe estar celebrándolo también en el cielo.

Desde que supe que había llegado a la vieja ciudad de Cartagena, los duendecitos que habitan mi cabeza me decían que el encuentro por fin se daría.

Le he heredado a mi abuela Rosa la certeza del destino cuando los acontecimientos son inminentes. Hasta el día viernes no supe que mi viaje sería posible, pues mi próximo pago de la empresa farmacéutica para la cual trabajaba era el día dieciocho de cada mes, así que por ser fin de mes no esperaba un milagro. Gracias a los dioses sigo siendo hija de la casualidad y mis buenas corazonadas - que se repetían desde el lunes anterior - no me abandonaron jamás. Así, tuve siempre la convicción que la reunión con el maestro se daría donde y como fuera.

Hasta el sábado en la mañana tuve lista la maleta sin saber cómo llegaría a Cartagena. Hice un par de llamadas y di con la persona indicada: El amor me lleva a la sabiduría. Me fui en chance con cinco mil pesos en el bolsillo, pero brillante de ganas. Las ganas que siempre me ha encendido este personaje que todos de alguna forma amamos en este país de sueños añejados en ron viejo.

Llegué al viejo hotel , a la habitación que compartía con Él , desde que el destino nos cambió de ciudad hacía seis meses. agradecí que así haya sido, de otra forma nunca las cosas se habrían dado tan deliciosamente.

Hablo con el fervor incestuoso de la fanática enamorada: he devorado cada sílaba y cuartilla de cuanta cosa ha escrito, he recorrido los mismos lugares y solo por llegarle a aprender lo poco que dice que sabe. La forma, la sintaxis, el dialecto, la nostalgia, ingrediente que me he permitido robar a la vida para poder ser un poco creíble.

Aquell antiguo novio , me había dicho que haría un conversatorio en la librería en la que trabaja sobre la ultima novela del Nóbel, yo dije que me encantaría hablar sobre el descubrimiento de la similitud entre otra novela titulada la casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata la ultima escrita por Gabriel , pensando en la cercanía de la librería a la casa que él tiene en el centro histórico, pero el conversatorio se canceló.

debía estar en el lanzamiento de la biografía de un empresario venezolano, rodeado de expresidentes, corredores de bolsa y otros personajes nada compatibles con mis intereses. Discutimos, me quedé en el hotel ya desesperanzada y aburrida, terminé de leer la novela de Gabo y me acosté a dormir. En cualquier instante me llamó para reconciliarse, le dije tres groserías y le colgué. Al rato volvió a llamar, ya un poco más reposada de mi cólera contesté y me dijo que tomara una caja de libros que estaba sobre su escritorio y se lo llevara al Claustro de Santo Domingo. Yo estaba de jeans y mis adoradas abarcas compradas en San Marcos. Me arreglé un poquito y tomé un taxi. Regateé el valor de la carrera y entré por la puerta de atrás donde él me esperaba. Cuando me vio los ojos le brillaban, me dijo aquí esta.

Y no tuvo que decirme el nombre, yo sabía a quién hacía alusión. Entré muy rápido, subí las escaleras que me parecieron eternas, pero no logré divisarlo entre la nube inmensa de periodistas, camarógrafos y fotógrafos, pensé que ya se había ido. me dijo rápido dame los libros que le voy a regalar uno. Los abrimos, temblábamos, nos reíamos, y nos acercamos al tumulto.

Tiempo atrás yo había dicho que me arrojaría en sus brazos y lo besaría, pero no fui capaz, solo lo medí palmo a palmo, alcancé a percibir su perfume y hasta la tersura de sus manos y no me tocó, solo me hice dos pasos atrás de su derecha mientras mi anfitrión le entregaba el libro, pensé que me daría un paro cardiaco, pero no fue así. Parece que el percibió mi presencia en medio de la multitud pues de repente se giró y sus ojos se abrieron como si me recordara de tiempo atrás. Y me dijo “Ajá ¿y tu por que eres tan linda?, y sin permiso…” el rubor se adueñó de mi cara y solo pude sonreírle. El sacó sus pasos más cortitos de los que imaginaba y se fue con su séquito.

me dio un ejemplar del libro de mi piropeador y me dijo dile que te lo firme a ti no te lo negará. Corrí, lo alcancé, le pedí que me lo firmara y me dijo que no. Casi me derrumbo nuevamente de la pena cuando lo dijo, frente a mí habían mas cámaras de televisión que en una transmisión del mundial de fútbol - supongo que las imágenes de mi rechazo reposan en algún archivo -. A medida que me decía que no me lo firmaría me explicaba que había firmado muchos en el día, y aunque era “la mujer más linda que había visto”, mi belleza no era suficiente para firmarlo. Me pareció egoísta pero estaba en su derecho.

Yo no aspiro a la fama o al estrellato, solo a que el reconocimiento me llegue en los momentos en los que puedo seguir siendo humilde. Y el aún lo es. No sabe que con sus pocas palabras y los instantes que me dedicó cumplió parte de mi sueño. Verle en vida. Y sentirle el espíritu de cuerpo presente.

Una semana después me llegó por correo postal ese ejemplar firmado por puño y letra de Gabriel, un bello regalo que guardo como un gran tesoro.

Por Katherine Gómez Pérez