BALADA PARA UN LOCO.
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corzo de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:
ASTOR PIAZZOLLA.
Son ocho pasos básicos para aprender a bailar tango. Son ocho movimientos para dilucidar en el cuerpo del otro, el hilo magnético invisible que no deja separaciones atómicas entre el tacto y el alma. Un amante furtivo, la sensación infinita de desvanecerse entre el humo de un cigarrillo inexistente. Pablo apareció en la vida de Eva de repente todo el tiempo estuvieron muy cerca el uno del otro pero nunca se encontraron, hasta que el en medio de su aburrimiento llegaron a una reunión donde no conocían a nadie, y donde no se consideraban dueños de nada.
Él en medio de muchos acentos no propios e irreconocibles, se dedicó a hacerle preguntas tontas, ¿eres niño o niña? .- Soy mujer- respondió ella; es lógico que en las mascaradas de un baile de disfraces y en la vida misma hay que comprobar cosas básicas. Como la sexualidad del interlocutor, por primera vez en mucho tiempo Pablo no retrocedió por la indiferente negativa de ella. Lo explicaba por la cercanía del acento que pudo percibir, un acento distinto al suyo pero cercano, a su vida, más cercano que el de las personas que orbitaban en medio de las copas de vino y cerveza del lugar. Otra pregunta de ¿donde eres’?. - De aquí- contestó Eva. No es posible. Yo también, y aun no se habían visto la cara. Ella llevaba un antifaz con lentejuelas negras que a él le daba la sensación de hablar con las alas de un cuervo. Los cuervos son animales que no traen nada bueno pensó para si, pero ¿qué hacemos en estas circunstancias de la casualidad cuando no hay preavisos para el caos?
Al parecer eso era lo único que se podía adivinar en aquel encuentro fuera de foco, y de esperanzas, Él siguió preguntando, ¿que haces? –Soy escritora- ¿qué hace una escritora en una mascarada? – huir-
Hasta ahí habían llegado las ilusiones ortodoxas de conquistador de Pablo, la verdad desde que estaba en sexto grado no se había vuelto a sentir tan minúsculo e invisible ante la sensibilidad femenina, como esa noche de mierda. Ella abandonó el recinto en medio de la inclemencia de los vientos alisios que llegan siempre desde el norte para esa época del año. Trataba de caminar en medio de sus zapatillas negras, y el rubor oculto tras su mascara, nada diferente a la realidad de todos los humanos; pretender no estar descubierto cuando se es culpable y esta vez aunque algo la invitaba a quedarse, le pudo más el frió helado y paralizante de esa misma cercanía que pablo sintió, su lado más cobarde la obligaba a irse ahora que estaba a tiempo de no exponerse al destino casual de aquel desconocido
A Pablo no le tomó por sorpresa la huida del cuervo delgado y nauseabundo que representaba la mujer. Sin remedio la dejo ir. No se preocupó siquiera por preguntarse ¿por qué de aquel arrebato?. Terminó su copa de vino. Se limpio el ego herido y también se marchó a su casa. Decidió llegar a pie al fin y al cabo estaba muy cerca. Cada paso le recordó que era un cretino, sintió que la historia era injusta con los hombres desde que en la tierra ya no gobernaba la diosa.
Ahora ellos asumen el riesgo de que se les llame cretinos cuando lo que quieren es una noche de fluidos corporales, gemidos y jadeos sin la pretensión de un encuentro póstumo. Exentos de la confrontación y el desayuno posterior de la mañana, o la vergüenza si las cosas no salen tan bien como se planearon. De todos modos eso ya no importaba, esa
Ceremonia no se llevaría acabo.
Entonces. Llego quince minutos después a su casa, sacó a su perro al jardín le dejó orinar la esquina de las trinitarias, y siguió pensando, pero ¿por qué tuve que hablarle? , la vida, así es la vida. Una puta casualidad con la que todos se acuestan.
Entonces le seguía mortificando la imagen del cuervo maldito. ¿Es el ego de un hombre tan frágil como la ventana de una cuarentona viuda?. Si eso debía ser ella con tanta homofobia y odio descargado en él con dos preguntitas inofensivas, un bajón de estrógenos. ¿que mas queda ante la adversidad, como arma para combatir a la indiferencia?. Mañana será otro día.
Ella transitaba como siempre a las nueve de la noche, por la acera izquierda del parquecito, con sus hombros aferrados a la espalda cansada que la acompañan desde tiempos inmemoriales junto su mirada casquisbana. Se sintió como siempre imperceptible en medio de la horda de extraños que deambulan en la galería infinita de su micro universo.
Trashumante, habilidosa de las artes inexistentes de escribir el mal amor, sintió de repente la necesidad fisiológica de un gran café, se aventuró a cruzar la calle, llegó donde siempre, se hizo lugar en la mesa del rincón.- Negro con crema y dos de azúcar-, ya la dueña adivinaba que su mas asidua clienta pedía como en las películas viejas.-lo de siempre-
Nuevamente las mujeres somos muy por el contrario de lo que se espera y lo que se quiere en las leyendas urbanas, sumamente predecibles. Mientras ella abrió su libro en la pagina cincuenta y seis por esos días a su lado descansaba alejo carpentier, un cubano que murió de viejo. Pero que no le dejaba adentrarse en el fondo mágico de las intenciones de su estructura literaria. Tomó varias notas en su agenda negra respecto al libro en mención y el tercer sorbo caliente del elixir de su mal dormir. Escuchó a alguien decir, ---cerero por favor.- esa palabra podía significar un millón de cosas, pero en el contexto de aquel momento una cosa muy clara.(un diabético) o un hombre rebelde. Cuando alzó su mirada nada le pareció familiar en aquel cliente, estatura mediana, cabello negro, trigueño mas bien un blanco muy asoleado, pero la voz ya la había escuchado antes.
Siguió bebiendo e insistiendo en recordar una sola frase, hasta el marido de la dueña bajito y barrigón podía parecerle mas atractivo que él hombre cerero.
Pero la curiosidad siempre ha sido su talón de Aquiles, cuando vio que se ubicó en el otro extremo del salón, dejo botado a carpentier en la pagina cincuenta y siete, sin entender la cincuenta y seis, y sin el menor recato y como algo atípico le preguntó a mariana.¿ Quien es ese hombre?. Como es de saberse la solidaridad de género se hizo presente, la dueña del lugar le dijo. Solo sé que es profesor de tango.
Y habla muy poco. Ahora si la vida se burlaba de ella ninguna relación que le conectara su vida de escritura a ese bailarín de tangos que además no reconocía. Se rindió pidió la cuenta y salió, cuando iban ya contados diez pasos fuera del café, aquel hombre la tomó firmemente del brazo.- ¿eres niña o mujer?
Katherine Gómez



