
UN BUEN POLVO.
Este no es un titulo falso con el que tiento al lector para luego pasar a temas políticos, hoy quiero hablar de eso de los buenos polvos, pero ¿ que es un buen polvo?, ¿quien lo dictamina? ¿de que depende? No creo que dependa del numero de orgasmos o de la intensidad de los mismo, tal vez depende de ser capaz de amanecer al lado de la otra persona, o de poderla recordar con agrado, o como dicen mis amigas del punto G, pero no se enreden pensado que el punto G queda en el músculo interior de la vagina o en la próstata de los hombres, más bien queda en la hechicería, en el milagro en la belleza, o en los ojos de alguien que te desnuda con mirarte.
La química, la atracción, e incluso la paz reposada y deslumbrante del paseo por la playa, pueden enmarcar esa sensación única y fascinante de amar. También están esos que se hacen sin compromiso y con pasión, sin complejo esos son buenos, porque sin ellos es imposible situar a los otros a los amielados y arrunchosos, o a los que se dan la vuelta y terminan en ronquidos espalda con espalda. No puedo dejar de mencionar una palabra que me enseñó el andaluz Becker devaneo, ese preludio de seducción donde los fluidos comienzan a cuajar en las entrañas de los amantes, donde el aliento se vuelve huracán y la caricia verso, soy adicta al devaneo. Como soy adicta a esa parte menos romántica de los buenos polvos, el mal aliento mañanero, y la legaña pegajosa del día siguiente, y hasta el guayabo del ¿que hicimos? Como en ( y tu mamá también) Todo necesita de su contrario para poder seguir existiendo, Y del recuerdo para poder seguir anhelando.
Por otro lado se encuentran los polvos rápidos, con o sin querer, la del hombre que llega antes de los esperado o el de la mujer que tarda mucho en llegar, creo que es cuestión de sincronía y complicidad, eso solo se consigue conociendo al otro, por lo general la primera vez con alguien es así desincronizada aunque deben de haber excepciones. Están lo que se exhiben y los que se encuentran sin querer. Lo bueno es que ahora te estarás preguntando ¿cual ha sido el mejor? ¿Con alguien que ya partió?, o ¿con alguien que acaba de llegar, o que llegará?; para eso están los olores, sabores, la música, y los lugares para evocar ese momento mágico y hechicero en el que nos sumergimos a la hora de amar, de entregarnos y recibir de viajar entre sabanas en ese velero al que decimos al zarpar del puerto, buen viento y buena mar.
Catherine Gómez.

