miércoles, enero 25, 2006

LA RABIA EN EL CORAZON

Donde más se puede sentir la rabia? si solo se le siente, donde más?. tres mil personas estan desaparecidas en una colombia que cada dia siento más distante y compleja. Ingrid para mí solo es el nombre de una mujer que está tal vez muriendo de hambre en la selva un nombre que facilmente se puede cambiar por el de los soldados, diputados, madres, hijos, padres y cualquiera que pueda ser de nuestra familia, y que representan para las Farc o el Eln un numero más, un rescate o un canje politico. pero le conviene al gobierno de Uribe que su posible detractora esté en libertad?. creo que tal vez el actual gobierno no ha hecho más o sea no ha hecho nada porque en el fondo ingrid no conviene. los demas secuestrados lejos de ser un numero son corazones que laten y que tambien deben tener la misma rabia. la rabia impotente de no saber de no tener. la rabia por un conflicto en el que estamos obligados a vivir, un conflicto en el que se enriquecen pocos, guerrillos, paracos, politocos y todo aquel que se atreva a pescar en ese rio revuelto. en medio estoy yo, mi familia, mis amigos, y todos los colombianos de a pie que no conozco, en medio se han quedado mis muertos mis tios campesinos desplazados y masacrados y el futuro que hoy no puedo ofrecerle a mis hijos. yo no tenía la necesidad de exiliarme pero aqui estoy desde el otro lado del charco. extrañando los olores y sabores de mi tierra de mi infancia. la pasion como dice cierta campaña procolombia. pero mientras tanto que?. mientras tanto Uribe se encarga de comprar a los que le pelean, desmoviliza uno que otro paramilitar para acallar los rumores internacionales de que es el presidente de los paracos, castaño sigue muerto al igual que Giatan, Galan, Gomez, y todos aquellos que tal vez pudieron hacer algo por ese caldo violento en el que se transforma a diario colombia. Como dice Ingrid al final de su libro Será que a ella tambien la matan?. me temo que sí, la colombia que conozco no da finales felicez, no me ha demostrado que hay esperanza, ni a mí ni a los demas que como yo estan en el exilio; un exilio que es tomé voluntariamente que además me duele pero que es necesario porque desde este lado del charco cada bala y cada mina quiebrapatas duele el doble. A diario me someto a la segunda mirada, a que la gente me pregunte por la unica colombia que venden los medios, la de guerra, sangre y coca. y yo con foto en mano, a hablar del parque tayrona, de mi cartagena con calles pequeñitas, del arroz con coco del pargo frito, del vallenato ( el de vives) de petrona y totó, de mi madre y mis hermanos. pero no dejo de sentir esto precisamente . LA RABIA EN MI CORAZON.

sábado, enero 14, 2006

LA RABIA EN EL CORAZON


http://www.ingridbetancourt.com/espaniol/notas.htm


Notas de la Autora - Por una Colombia nueva - Discursos - Envía un mensaje
Notas de la autora
Este libro ha dado muchas vueltas antes de llegar a sus manos. Es cierto que los escritos, como las personas, tienen vida propia. Pero éste, como si hubiese nacido bajo el influjo de una estrella caprichosa, ha tenido que enfrentar innumerables trabas para ver la luz. Lo obvio, lo natural, era que hubiese sido publicado por primera vez en Colombia, entre colombianos, para quienes fue escrito. Pero no. A este testimonio se le cerraron las puertas en su propia tierra. Nadie lo quiso publicar.
Luego ocurrió lo inesperado. El libro se convirtió en éxito editorial en Francia. En un país donde poco se sabe de nosotros. Pero el país de la libertad de prensa y de los derechos humanos. La gente se interesó por el relato de una mujer desconocida, por lo que estamos viviendo nosotros aquí. Querían saber más. Querían entender.
Y comenzaron a ver a Colombia de otra manera. Porque detrás de la historia negra que se cuenta sobre nosotros afuera, los europeos encontraron personas como ellos, luchando por valores que les son familiares, que los toca y los interpela. Allá también, ellos, como nosotros, con referencias diferentes, entienden lo vulnerables que somos todos como ciudadanos. Y lo frágiles que son nuestras democracias. Y en el espejo de Colombia, muchos vieron el reflejo de sus propios temores. Y se identificaron con nosotros, con nuestros miedos, con nuestras esperanzas.
Pero en Colombia, como si fuera pecado hablar de lo que nos sucede a diario, se levantaron voces de repudio, las de aquellos que no quieren que se sepa lo que ha sucedido porque los señala. A zarpazos y mordiscos, se quiso prohibir que se publicara, que se leyera, que existiera. Y hasta en los tribunales extranjeros tuvimos que defender el derecho a expresarnos como colombianos.
Para muchos de nosotros, denunciar los atropellos de los cuales somos víctimas, desenmascarar, sacudirnos del miedo, es hablar mal de Colombia. Porque caímos en la trampa de quienes logran esconder lo inconfesable, aislando a Colombia del mundo para taparlo todo.Y como en el mejor de los relatos de Macondo, denunciar a la mafia y a la narcopolítica se convierte en una agresión a la patria.
Con todo y eso el libro comenzó a llegar al país. En algunas librerías lo ofrecieron en versión francesa. Dos columnistas prestigiosos, lo leyeron y decidieron cada cual escribir un artículo sobre el libro. Querían dar un concepto más objetivo sobre su contenido. Pero, a pesar de sus respectivos reclamos, a ambos les colgaron la columna.
Un día me llegó la noticia que una casa editorial italiana estaba dispuesta a publicar el libro aquí. Quienes querían impedir que el libro se leyera en Colombia, habían fracasado.
La traducción del libro quedó bajo la responsabilidad de mi hermana Astrid. Quise que así fuera para garantizar la mayor exactitud posible frente a la versión ya publicada. Quien mejor que ella para sentir los matices de un idioma tan complejo como el francés e introducirlos adecuadamente al idioma materno.
Una tarde, mientras ultimábamos detalles con mi editor y especulábamos sobre la salida del libro al ruedo nacional, se quedó mirándome y me dijo: “No te lo iba a contar, pero bueno, ya entrados en gastos… Hace unos días en Cali, cuando iba a coger el taxi de regreso al aeropuerto, se me atravesó un hombre y me dijo. “Usted es el que va a publicar el libro de Ingrid Betancourt?” Le dije que sí y me contestó: “Pues saque bastantes ejemplares en la primera edición, porque no podrá publicar ni uno más.”
La amenaza contra el libro era clara. El origen obvio. Persiguiéndolo ante los tribunales, deformando su contenido, bloqueando su publicación y hasta buscando prohibirlo, la narcopolítica no ha dado tregua.
Después de tantas vueltas el libro ha llegado a sus manos. Es casi un milagro. Pero sobre todo es una gran victoria, para aquellos que pensamos diferente.