domingo, octubre 02, 2005

CON OJOS DE NIÑA


Cuanta seguridad se puede sentir tras el velo de una cortina en la habitación de tus seis años. Recuerdo que argentina ganaba aquel mundial de fútbol en México en el ochentaiseis maradona hacia todas sus peripecias entre los onces o no sé si eran diez pares de piernas que pretendían detenerlo, pero ni siquiera diez pares de piernas pueden truncar un camino cuando sobre la frente esta escrita la estrella de la victoria. Decía que sentía la infame seguridad detrás de la cortina de mi habitación de los seis años, pero porque necesitaba aquella pequeña seguridad en casa?. Pues a esas horas de la tarde tengo el primer recuerdo de mi padre. Yo levitaba en un mundo de faldas nunca recuerdo haberme preguntado que era un papá? O para que lo utilizaban en las casas de mis vecinos? O si realmente era necesario?. Pero cuando escuché su voz aunque a estas alturas no recuerde exactamente como sonaba su voz en mis oídos, también recuerdo la primera sensación de miedo, de terror, del frió helado que se mete por los pies cuando las ramas de un árbol hacen figuras y sombras sobre la ventana por la noche. Y en realidad no había nada que temer, supongo que las cosas hubiesen sido más fáciles para ambos en los años subsiguientes a su aparición si alguien no sé si mi madre o mi abuela me explicaran la función de un padre mientras toda mi larga vida de seis años yo me movía en un mundo de faldas. Entonces recuerdo además que él me abrió los abrazos los ojos le brillaban como alguien que ha reencontrado algo valioso en el lugar menos esperado, sus manos se sentían muy como las mías, flacas nudosas, huesudas, frías. Pero a mi se me ponen así solo cuando tengo miedo o frió. Entonces entiendo que a él también le embargaba el mismo miedo del reencuentro. Lo vi venir con metro noventa a mi menos de un metro, con sus pies de gigante en zapatos deportivos, con sus Jeans viejos, y su olor a malboro rojo. Lo vi venir a buscarse en mi. Y ese día yo simplemente me dejé abrazar aunque mi alma fue la que salió corriendo. Me perdí no encendía nada, no sabía nada, no coordinaban nada , probablemente una niña de seis años no debía sentir ese rencor de abandono, no debía reclamar con los ojos los tantos años sin saber de él, y los posteriores donde las cosas no cambiaron. Entendí que mi cuerpo de niña lo habitaba una anciana, una viejita con escoba de bruja que llamaba con la mente todo lo que quería bueno y malo, una mujer que presentía la bondad y la maldad , todo a mis seis años. Supongo que mi padre se dio cuenta de que algo no andaba bien en la niña, hasta que murió fui la niña. En ese punto no lograba sacarme palabras, otro síntoma donde en casa a media noche mi abuela gritaba desde su habitación, cállate que pareces un loro¡¡¡. Pero que raro si la niña habla hasta por los codos- le decía ella.
Pues parece que me tiene miedo- le respondía él.
En esos primero años de la década del ochenta el gobierno no había establecido claramente las visitas de domingo a padres separados, pero si yo no soy hija de padres separados, si desde que recuerdo nunca vi a mi madre con él. Entonces no era mi caso. Sin embargo cada sábado mi abuela me empacaba una pijama, un vestido, y ropa interior para regresar el domingo. Un fin de semana de terror, me aburría entre sus amigos de su edad, el cabello se me perfumaba a malboro, y me dejaba esperando en la puerta de los bares, billares y discotecas con la clara indicación de que no hablara ni me dejara llevar por ningún desconocido, aun si me decía que él mismo le había enviado a recogerme; donde atendía un negocio de bolsitas blancas que solo hasta ahora entendí. Un día por curiosidad me asomé mi cabecita dentro de uno de estos lugares, recuerdo que fue en el centro de la ciudad , a las cuatro de la tarde, el aire acondicionado contaminado del humo de los miles de cigarrillos que debían fumarse a esa hora ahí me hizo llorar los ojos, unas señoras en ropa apretada, y faldas muy cortas se paseaban de la barra a las mesas subidas en tacones muy altos, había una de cabello rizado y falda de cuero que le entregaba un vaso de cerveza, él en una mesa de equina hablaba muy alto con otros hombres gordos y vestidos muy diferente, algo extravagantes, como con muchas joyas de oro grueso y pesado y camisas de lino abiertas hasta el pecho. O más bien donde se juntaba su barriga y su pecho daban la sensación de tener tetas de mujer por la gordura, pensé que si en ese punto nadié había notado que los rayos de sol desde la calle se colaban en esa noche artificial, tampoco notarían que yo entraría para investigar un poco más. Investigar?.. si investigar. Porque a mis seis años sentía que algo no andaba bien. Entonces cuando pongo el primer pie dentro, siento que una mano pesada, aguada. Y negra me detiene del hombro, y me dice- tu para donde vas?- y al alzar mi carita otra vez el frió terror de las sombras nocturnas en la ventana se apodera de mi, era una situación si salida. Entonces digo, hay no sé de donde salió esa frase. – vine a buscar a mi papá- tu papá? Entonces con la cabeza dije que si para que no se me notara el susto en la voz y con el dedito flaco y frío de mi mano izquierda señalé a la mesa donde él estaba- entonces el negro pegó un grito con voz de trueno y dijo- ey jor esta peladita dice que es tu hija- el jor – así le decían un padre no puede llamarse el jor. Entonces se levanto camino varios pasos largos en el bar. me dio vuelta por el otro hombro y me dijo – este no es un lugar para niñas te dije que me esperaras afuera- entonces lo miré fijo a los ojos –tengo ganas de orinar-. Me dijo espera.
Salió al instante fuimos caminando hacia la casa de alguien un amigo de él y me senté en la taza del baño pensando en manantiales de agua y en los aguaceros torrenciales del invierno para hacerme orinar. Lo logré salí como si nada mientras el seguía envolviendo con sus amigos algo parecido al tabaco pero más fino en hojitas delgadas de papel de arroz.
Él siempre hablaba de matricularme en un colegio caro, me hablaba de ir a la universidad incluso él asistía a las clases de derecho en la universidad publica, me hablaba de ser una persona honesta, de bien, integra, me hablaba de todo lo contrario a lo él era.
Entonces me surge la pregunta son los hijos el deseo contrario de lo que los padres fueron?. O estamos los hijos condenados a repetir las historias?. Parece que lo uno y lo otro. Los años que siguieron a ese primer reencuentro no fueron mas felices mis fines de semana cuando ya no hallaba examen para lunes que inventar siguieron por las mismas rutas en las discotecas y los bares del centro, las bolsitas blancas, las hojitas de papel de arroz y la flacura extrema de ese hombre. Una madrugada de un miércoles de enero a mis veinte años, soñé que un par de hombre me perseguían en una motocicleta de esas grandes azul, soñé que yo corría y corría por mi vida, pero que finalmente de espaldas y en una esquina me dispararon cuatro veces por la espalda y yo sentía como la sangre abandonaba a chorros mi cuerpo. Como la energía de mi vida se derramaba en ella. El frío pavimento tratando de absorber con rapidez los charcos bajo mi pecho, quedé tendida boca abajo, con las palmas de las manos hacia arriba, recuerdo que el ultimo pensamiento que tuve fue el de llamar a mi madre.
Eran las tres y veinte de la madrugada de ese miércoles cuando desperté ahogada por el nudo que amarraba mi garganta salté de la cama encendí todas las luces de la casa, fui a la cocina, tomé un vaso con agua, y mi madre salió de su habitación a ver que pasaba. Le conté el sueño me dijo que los sueños sueños son.
La mañana del sábado una mujer me llama por teléfono a decirme- siento decirle que a su padre está muerto- y las subsiguientes preguntas – cuando?- esta madrugada a las 3- como? Cuatro tiros por la espalda- quienes? Un par de hombres los testigos dicen que venían en una moto azul-Y ya no pregunté más. Pude saber hasta cual fue su último pensamiento.

FIN.
Catherine Gomez.