
TRATADO DEL AMOR OLVIDO.
La historia, no es de estas en donde la gente se sumerge en profunda ansiedad al verse en manos de un desconocido o un conocido que desconocen, lo que
irremediablemente desencadena los golpes de pecho y las cicatrices adjudicables a las batallas de esto que la sabia naturaleza nos hace llamar amor.
Esta historia carece de esos escenarios que nos permiten identificarnos y a la vez tomar parte de los protagonistas. La mujer mala siempre son malas, siempre algún hombre está a merced de sus encantos, auque lo perciban y lo permitan y también aunque no den autorización. La mujer que deciros sobre estos animales mitad humano mitad bruja, sirena, serpiente, amantes, esta es la variedad que mas adeptos tiene en el mundo, oriental occidental conocido y por conocer. La mujer, mi mujer.
Siempre hacen su entrada triunfal cuando menos sé les espera, envueltas en ese halito invisible de inocencia e indefensión. O ese inesperado de tiranía y total anarquía. Es que en la vida no hay nada más anárquico que una mujer. Cuando ponen esos ojitos de que en el mundo no hay cosas mas bella que su hombre. Aunque cultivemos kilos de panza, años de indiferencia, malas palabras, o muchas otras mujeres, es que a nosotros sé nos perdona el pasado, tórrido, solitario, inconveniente, con consecuencias. Ahora el tema no es hablar de eso.
Hablemos de Mara. Mi Mara, pertenece a esta especie que se cultiva muy bien en las zonas montañosas de países tropicales, no es hispana, no es latina, es de un rinconcito de los montes con nombre de virgen. Que hoy amanecen despoblados y cultivados por la violencia. La violencia hasta el término es femenino aunque lo ejecutemos en su mayoría los hombres. Vale este no es tratado machista, pero al pan pan¡¡- Hablaba de la tierna anarquía de mi mujer.
Yo que he criado fama de hombre con cojones, que digo cojones cojonazos, yo que he prescindido de sus artes mágicas de cocinar, aprendí a pegar botones por ensayo i error pero esto ultimo para no verme humillado ante esa expresión cuando juntan las pupilas y traspasan el alma y sin decir palabra alguna y me hacen sentir elemental e inútil , la ciencia de pegar un botón. Es que parece que nosotros no traemos eso en nuestro código genético. Carecemos del gen de la manualidad, podemos hacer maravillas con nuestros dedos, pintar lienzos deshacer espaldas esquivas, tocar pianos, pero no pegar un botón. Lo básico pasar la aguja por el ojal cuadrarlo que case con el otro extremo y dar par puntadas, o muchas putadas hasta lograrlo. A Mara la conocí por error, como con los botones, que ya llevaba muchos ensayos, pero con ella el modo experimental siempre es mas divertido. Bueno no sè porque perdí el avión a mi ciudad esa mañana el sol se estrellaba como siempre sin clemencia ni piedad contra las pieles pálidas de estas personas que evidentemente no somos de aquí. Y acariciaba como de costumbre los cueros curtidos de los pobladores y el bronce perfecto de las caderas ondulantes de estas mujeres. Son huracanes llegan te mojan se llevan todo lo útil e inutilizan lo que no se llevan. Mi maleta la única que he tenido en la vida mas por agüero que por falta de recursos, -que bueno como me dice ella- , no es maleta, es una tula de verde que me quedó de mis años de servicio militar, sé enredó en una mole de un metro de alto por 70 de ancho que bien podía pesar 35 kilos, más de lo que permite la aerolínea, pero por Dios al jalar mi tula, no recordé que pesara tanto, es mas me conozco hace treinta años desde que nací, nunca he tenido los suficientes motivos para viajar con sobre peso. Pero ahora no bajaba del portaequipajes. lo sé me pierdo en los detalles, cuando por fin logré traerla, y maldecía ese descuido mio o del que las organiza para esos menesteres. En mi peor momento de intolerancia descuido hombría porque a alguien hay que culpar de estas cosas tan tediosas, sentì porque sentí no hay otro verbo que me haga conjugar mejor a esta mujer. Un vacío en las tripas, un perfume desconocido, y la certeza de estrellarme por completo en sus labios. La indefensión de la belleza. No hablo de estas mujeres perfectamente diseñadas en un quirófano, aunque nos guste soñar con sus catálogos de ropa interior. Hablo de la mujer real. La que tiene celulitis y poca voluntad para el gimnasio aunque mara a este le llama poco instinto masoquista. Me refiero a la mujer que anda en zapatos bajos, la que se prescinde de los servicios del maquillaje, las que están en vía de extinción porque los medios aun no les han lavado el cerebro. La mujer básica la que detesta al hombre metro-sexual.
La que enamora.
Pero que `puede ser mas obsesivo que una mujer elementalmente diseñada?. En un mundo elementalmente de hombres’?.
Ellas luchando porque se les reconozca el derecho de trabajar a la par. Y otras a las que las primera llaman brutas y yo desde la barrera muy inteligentes, simplemente desgonzan sus vidas antes el hombre que quiera sentirse sabio y protector y resolver su Edipo con ellas.
Pero puede ser a veces lo que sucede. En las relaciones se da lo que sé espera.
Muchas veces el pacto es silencioso. Una parte brinda placer, la otra la comodidad hipócrita que brinda el dinero, o la seguridad de la inversión
Emocional.
Mara conocía de estas artes.
Yo también
Entonces solo le bastó enfocar sus ojitos sobre este pobre idiota
Y no se
como terminé cargando por todo el aeropuerto 35 kilos de piedras
Que en términos venusinos son zapatos por si llueve, hace calor, o nieva en el caribe.
Yo el que sé jactaba de viajar ligero.
Hasta estos momentos solo dos palabras me condenaban ante ella
- te ayudo-
acto seguido e inspeccionando por completo y sin reparo mi apariencia.
No parecía loco en ese ent0nces.
Ella dudo un momento más por cortesía que por ganas.
- bueno gracias-
solo había un camino hacia la salida del maletero.
Supongo que obligado para los dos
Ella solo camino con paso firme.
Agitado, sudando la gota del retorno a su sal
Y su malicia.
Ni que decir de la malicia si somos victimas a diario de ellas.
Ella si lucia en este paisaje.
Aunque no vestía como sus demás coterráneas, tenía este airecito de que conocía más allá del puerto. Miraba como si ya la vida le hubiera mostrado todo. Hablaba como si los demás no supieran de qué hablan. Autosuficiencia
. Es la palabra, pero que hace a un ser humano autosuficiente?. La falta de recursos , el temor a depender?. Simple genética?..
Para Mara y para nuestros efectos. Un condicionamiento operante.
Si ese mismo del que hablaba skiner.
Ella estuvo apretando palancas y recibiendo electrochoques durante sus únicos treinta años.
Se fue de casa muy joven, primero salió de la hamaca de su tía quien la crió, luego de que en extrañas condiciones encontraran a sus padres muertos y desnudos sobre la cama nupcial.
Ambos con los ojos desorbitados y ahogados en su propio vomito. Como en un buena historia de Shakespeare, la niña era lo suficientemente pequeña como para no asentir un trauma de este calibre, pero para que los traumas si se puede vivir eternamente en una caja de skiner?.
Entonces mas por caridad que por la lógica que guía a los genes su tía pura la acepto en casa junto a sus tres primitos menores, todos tan tiranos y egoístas como seguramente lo hubiera sido mara en lugar de ellos.
Acostumbrarse a eso le resultó algo demasiado fácil y hasta normal. A ella no le sorprendía el egoísmo de la gente si no la bondad, por que como bien decían c, por que dar las cosas gratis si siempre se puede obtener algo a cambio?, y quien las da gratis algo gratis también espera.
Creo que esta es la desconfianza que da el instinto tal y cual como en la selva, solo el mas fuerte vive y persigue.
Es así como comencé con pie izquierdo mi historia.
Mara no esperaba nada de mi, y muchos menos gratis, yo tampoco esperaba cargar su maleta de piedra y mucho menos pedirla a ella a cambio.
Llegamos por fin a la puerta la fila de taxis que esperan a los turistas y lugareños era larga y vaporosa como siempre, ella me miró estiro su mano de pianista que no conoce Chopin y con un gesto en la mirada me dijo dámela y gracias, sin musitar palabra, no hay nada mas peligroso que una mujer que no hable. O mejor las que hablan pero solo se entienden ellas.
Decía que no doy todas estas vueltas adrede, pero es necesario que descubra en que punto exacto quedé a merced de la diosa.
Casualmente ella lucía como si esperara algo o alguien, ahora entiendo que no es que espere personas o favores todo el tiempo, es que como no espera nada todo la sorprende e impacienta, yo seguía allí parado a su lado terminando de entregar la condena de su maleta, sus ojos brillaban pero no es el brillo del que es feliz es el brillo de quien a pesar de todo tiene una noble alma, si solo fueran sus ojos, su piel provocaba tocarla de lejos, tersa suave, amielada como el tabaco. En ese punto entendí que nada era mas salvaje que la resistencia que puede producirnos el fogonazo de la pasión. Pues si que digo que el amor no existe ni primera ni a segunda vista, simplemente es la excusa romántica para tirar por algo mas que gusto. Luego lo que sé vuelve adictivo es que este gusto encaje del todo en los cuerpos de quienes lo sienten y que además como me sucedió a mi, los labios se presientan, las manos sé esperen, los pechos se abrasen, las miradas se hablen y los corazones se exploten. Pero en este punto tampoco el amor existe, o es que era ella la que no creía en el? Y por lo tanto no creía en mi?. Hice uso de toda mi experiencia con las féminas, pasadas, presentes y futuras, necesita arrancarle una señal, un número, una dirección, o una sonrisa sincera, y así fue. Creo que cada kilómetro de viaje valió la pena para encontrarme con esta mujer tan particular. Creo que si tuviera que repetirlo a pie, lo haría. Logré mi cometido, supe su nombre su dirección, y quedamos a cenar en un restaurante que para ambos fue tierra neutral. Resultamos compartiendo gustos que no esperábamos, libros, autores, canciones, lugares, genial pensé así será mas fácil llevarla a la cama, esto les hace sentir a las mujeres la especie de conexión que piensan especial para permitirnos ingresar al templo del placer.
No me costó realmente mucho trabajo, luego fuimos a su lugar terminamos bailando un par de canciones ella me habló de sus años de formación en danza clásica y de sus aspiraciones de bohemia, yo pues traté de escuchar, mirar y mirar al fondo justo de sus ojos cafés ella simplemente sonreía
Como el sol en cada mañana que desperté a su lado.
Descubrirla así de esta manera tan intima no fue algo especialmente diferente a como se descubre un auto nuevo, o algo que nos fascine espero que no suene despectivo, descubrir en alguien que no esperas en la vida , la pasión que pocas veces eres capaz de expresar por ti mismo, o mucho mejor de sentir cuando en la vida real eres totalmente autómata, esta vez dejé de ser turista, para convertirme en viajero, me embarqué en ella y con ella y simplemente me dediqué a conocer su ecosistema.
Una bahía azul transparente de tierras apenas firmes que permiten hundirte al solo contacto, el sabor insuperable del pescado cuando sale recién del agua, y una noche de baile en el patio trasero de una casa que podía tener doscientos años de historia. Pero a estas alturas cuando ya debía partir a mi vida en mi ciudad a diez mil o mas kilómetros de distancia, no se me ocurre preguntarle a ella si quiere seguirme viendo, no se me ocurre preguntarme si ella con toda su historia de indios guajiros cabe en mi mundo del I POD?. Si esta relación solo es conveniente cuando ambos nos quedamos en medio y abandonamos las posturas de nuestras respectivas vidas. O si ahora que me subo a mi avión ella realmente espera verme algún día otra vez , luego de este largo abrazo y las promesas de los amantes que es mejor que nunca mas se encuentren.
Desconozco su situación, o más bien prefiero desconocerla, prefiero que ella quede resumida en esta semana maravillosa, en sus historias, en su olor de piel canela, en mi memoria, sin fotos, sin cartas de amor, solo cerraré mis ojos para esperar encontrar su respiración estrellándose contra mi pecho.
En estos casos el trato se pacta entre el amor y el olvido.
Retornar a la normalidad que separa a un par de extraños.
CATHERINE GOMEZ.


