lunes, septiembre 19, 2005

TRATADO DEL AMOR OLVIDO


TRATADO DEL AMOR OLVIDO.





La historia, no es de estas en donde la gente se sumerge en profunda ansiedad al verse en manos de un desconocido o un conocido que desconocen, lo que

irremediablemente desencadena los golpes de pecho y las cicatrices adjudicables a las batallas de esto que la sabia naturaleza nos hace llamar amor.
Esta historia carece de esos escenarios que nos permiten identificarnos y a la vez tomar parte de los protagonistas. La mujer mala siempre son malas, siempre algún hombre está a merced de sus encantos, auque lo perciban y lo permitan y también aunque no den autorización. La mujer que deciros sobre estos animales mitad humano mitad bruja, sirena, serpiente, amantes, esta es la variedad que mas adeptos tiene en el mundo, oriental occidental conocido y por conocer. La mujer, mi mujer.
Siempre hacen su entrada triunfal cuando menos sé les espera, envueltas en ese halito invisible de inocencia e indefensión. O ese inesperado de tiranía y total anarquía. Es que en la vida no hay nada más anárquico que una mujer. Cuando ponen esos ojitos de que en el mundo no hay cosas mas bella que su hombre. Aunque cultivemos kilos de panza, años de indiferencia, malas palabras, o muchas otras mujeres, es que a nosotros sé nos perdona el pasado, tórrido, solitario, inconveniente, con consecuencias. Ahora el tema no es hablar de eso.
Hablemos de Mara. Mi Mara, pertenece a esta especie que se cultiva muy bien en las zonas montañosas de países tropicales, no es hispana, no es latina, es de un rinconcito de los montes con nombre de virgen. Que hoy amanecen despoblados y cultivados por la violencia. La violencia hasta el término es femenino aunque lo ejecutemos en su mayoría los hombres. Vale este no es tratado machista, pero al pan pan¡¡- Hablaba de la tierna anarquía de mi mujer.
Yo que he criado fama de hombre con cojones, que digo cojones cojonazos, yo que he prescindido de sus artes mágicas de cocinar, aprendí a pegar botones por ensayo i error pero esto ultimo para no verme humillado ante esa expresión cuando juntan las pupilas y traspasan el alma y sin decir palabra alguna y me hacen sentir elemental e inútil , la ciencia de pegar un botón. Es que parece que nosotros no traemos eso en nuestro código genético. Carecemos del gen de la manualidad, podemos hacer maravillas con nuestros dedos, pintar lienzos deshacer espaldas esquivas, tocar pianos, pero no pegar un botón. Lo básico pasar la aguja por el ojal cuadrarlo que case con el otro extremo y dar par puntadas, o muchas putadas hasta lograrlo. A Mara la conocí por error, como con los botones, que ya llevaba muchos ensayos, pero con ella el modo experimental siempre es mas divertido. Bueno no sè porque perdí el avión a mi ciudad esa mañana el sol se estrellaba como siempre sin clemencia ni piedad contra las pieles pálidas de estas personas que evidentemente no somos de aquí. Y acariciaba como de costumbre los cueros curtidos de los pobladores y el bronce perfecto de las caderas ondulantes de estas mujeres. Son huracanes llegan te mojan se llevan todo lo útil e inutilizan lo que no se llevan. Mi maleta la única que he tenido en la vida mas por agüero que por falta de recursos, -que bueno como me dice ella- , no es maleta, es una tula de verde que me quedó de mis años de servicio militar, sé enredó en una mole de un metro de alto por 70 de ancho que bien podía pesar 35 kilos, más de lo que permite la aerolínea, pero por Dios al jalar mi tula, no recordé que pesara tanto, es mas me conozco hace treinta años desde que nací, nunca he tenido los suficientes motivos para viajar con sobre peso. Pero ahora no bajaba del portaequipajes. lo sé me pierdo en los detalles, cuando por fin logré traerla, y maldecía ese descuido mio o del que las organiza para esos menesteres. En mi peor momento de intolerancia descuido hombría porque a alguien hay que culpar de estas cosas tan tediosas, sentì porque sentí no hay otro verbo que me haga conjugar mejor a esta mujer. Un vacío en las tripas, un perfume desconocido, y la certeza de estrellarme por completo en sus labios. La indefensión de la belleza. No hablo de estas mujeres perfectamente diseñadas en un quirófano, aunque nos guste soñar con sus catálogos de ropa interior. Hablo de la mujer real. La que tiene celulitis y poca voluntad para el gimnasio aunque mara a este le llama poco instinto masoquista. Me refiero a la mujer que anda en zapatos bajos, la que se prescinde de los servicios del maquillaje, las que están en vía de extinción porque los medios aun no les han lavado el cerebro. La mujer básica la que detesta al hombre metro-sexual.
La que enamora.
Pero que `puede ser mas obsesivo que una mujer elementalmente diseñada?. En un mundo elementalmente de hombres’?.
Ellas luchando porque se les reconozca el derecho de trabajar a la par. Y otras a las que las primera llaman brutas y yo desde la barrera muy inteligentes, simplemente desgonzan sus vidas antes el hombre que quiera sentirse sabio y protector y resolver su Edipo con ellas.
Pero puede ser a veces lo que sucede. En las relaciones se da lo que sé espera.
Muchas veces el pacto es silencioso. Una parte brinda placer, la otra la comodidad hipócrita que brinda el dinero, o la seguridad de la inversión
Emocional.
Mara conocía de estas artes.
Yo también
Entonces solo le bastó enfocar sus ojitos sobre este pobre idiota
Y no se
como terminé cargando por todo el aeropuerto 35 kilos de piedras
Que en términos venusinos son zapatos por si llueve, hace calor, o nieva en el caribe.
Yo el que sé jactaba de viajar ligero.
Hasta estos momentos solo dos palabras me condenaban ante ella
- te ayudo-
acto seguido e inspeccionando por completo y sin reparo mi apariencia.
No parecía loco en ese ent0nces.
Ella dudo un momento más por cortesía que por ganas.
- bueno gracias-
solo había un camino hacia la salida del maletero.
Supongo que obligado para los dos
Ella solo camino con paso firme.
Agitado, sudando la gota del retorno a su sal
Y su malicia.
Ni que decir de la malicia si somos victimas a diario de ellas.
Ella si lucia en este paisaje.
Aunque no vestía como sus demás coterráneas, tenía este airecito de que conocía más allá del puerto. Miraba como si ya la vida le hubiera mostrado todo. Hablaba como si los demás no supieran de qué hablan. Autosuficiencia
. Es la palabra, pero que hace a un ser humano autosuficiente?. La falta de recursos , el temor a depender?. Simple genética?..
Para Mara y para nuestros efectos. Un condicionamiento operante.
Si ese mismo del que hablaba skiner.
Ella estuvo apretando palancas y recibiendo electrochoques durante sus únicos treinta años.
Se fue de casa muy joven, primero salió de la hamaca de su tía quien la crió, luego de que en extrañas condiciones encontraran a sus padres muertos y desnudos sobre la cama nupcial.
Ambos con los ojos desorbitados y ahogados en su propio vomito. Como en un buena historia de Shakespeare, la niña era lo suficientemente pequeña como para no asentir un trauma de este calibre, pero para que los traumas si se puede vivir eternamente en una caja de skiner?.
Entonces mas por caridad que por la lógica que guía a los genes su tía pura la acepto en casa junto a sus tres primitos menores, todos tan tiranos y egoístas como seguramente lo hubiera sido mara en lugar de ellos.
Acostumbrarse a eso le resultó algo demasiado fácil y hasta normal. A ella no le sorprendía el egoísmo de la gente si no la bondad, por que como bien decían c, por que dar las cosas gratis si siempre se puede obtener algo a cambio?, y quien las da gratis algo gratis también espera.
Creo que esta es la desconfianza que da el instinto tal y cual como en la selva, solo el mas fuerte vive y persigue.
Es así como comencé con pie izquierdo mi historia.
Mara no esperaba nada de mi, y muchos menos gratis, yo tampoco esperaba cargar su maleta de piedra y mucho menos pedirla a ella a cambio.
Llegamos por fin a la puerta la fila de taxis que esperan a los turistas y lugareños era larga y vaporosa como siempre, ella me miró estiro su mano de pianista que no conoce Chopin y con un gesto en la mirada me dijo dámela y gracias, sin musitar palabra, no hay nada mas peligroso que una mujer que no hable. O mejor las que hablan pero solo se entienden ellas.
Decía que no doy todas estas vueltas adrede, pero es necesario que descubra en que punto exacto quedé a merced de la diosa.
Casualmente ella lucía como si esperara algo o alguien, ahora entiendo que no es que espere personas o favores todo el tiempo, es que como no espera nada todo la sorprende e impacienta, yo seguía allí parado a su lado terminando de entregar la condena de su maleta, sus ojos brillaban pero no es el brillo del que es feliz es el brillo de quien a pesar de todo tiene una noble alma, si solo fueran sus ojos, su piel provocaba tocarla de lejos, tersa suave, amielada como el tabaco. En ese punto entendí que nada era mas salvaje que la resistencia que puede producirnos el fogonazo de la pasión. Pues si que digo que el amor no existe ni primera ni a segunda vista, simplemente es la excusa romántica para tirar por algo mas que gusto. Luego lo que sé vuelve adictivo es que este gusto encaje del todo en los cuerpos de quienes lo sienten y que además como me sucedió a mi, los labios se presientan, las manos sé esperen, los pechos se abrasen, las miradas se hablen y los corazones se exploten. Pero en este punto tampoco el amor existe, o es que era ella la que no creía en el? Y por lo tanto no creía en mi?. Hice uso de toda mi experiencia con las féminas, pasadas, presentes y futuras, necesita arrancarle una señal, un número, una dirección, o una sonrisa sincera, y así fue. Creo que cada kilómetro de viaje valió la pena para encontrarme con esta mujer tan particular. Creo que si tuviera que repetirlo a pie, lo haría. Logré mi cometido, supe su nombre su dirección, y quedamos a cenar en un restaurante que para ambos fue tierra neutral. Resultamos compartiendo gustos que no esperábamos, libros, autores, canciones, lugares, genial pensé así será mas fácil llevarla a la cama, esto les hace sentir a las mujeres la especie de conexión que piensan especial para permitirnos ingresar al templo del placer.
No me costó realmente mucho trabajo, luego fuimos a su lugar terminamos bailando un par de canciones ella me habló de sus años de formación en danza clásica y de sus aspiraciones de bohemia, yo pues traté de escuchar, mirar y mirar al fondo justo de sus ojos cafés ella simplemente sonreía
Como el sol en cada mañana que desperté a su lado.
Descubrirla así de esta manera tan intima no fue algo especialmente diferente a como se descubre un auto nuevo, o algo que nos fascine espero que no suene despectivo, descubrir en alguien que no esperas en la vida , la pasión que pocas veces eres capaz de expresar por ti mismo, o mucho mejor de sentir cuando en la vida real eres totalmente autómata, esta vez dejé de ser turista, para convertirme en viajero, me embarqué en ella y con ella y simplemente me dediqué a conocer su ecosistema.
Una bahía azul transparente de tierras apenas firmes que permiten hundirte al solo contacto, el sabor insuperable del pescado cuando sale recién del agua, y una noche de baile en el patio trasero de una casa que podía tener doscientos años de historia. Pero a estas alturas cuando ya debía partir a mi vida en mi ciudad a diez mil o mas kilómetros de distancia, no se me ocurre preguntarle a ella si quiere seguirme viendo, no se me ocurre preguntarme si ella con toda su historia de indios guajiros cabe en mi mundo del I POD?. Si esta relación solo es conveniente cuando ambos nos quedamos en medio y abandonamos las posturas de nuestras respectivas vidas. O si ahora que me subo a mi avión ella realmente espera verme algún día otra vez , luego de este largo abrazo y las promesas de los amantes que es mejor que nunca mas se encuentren.
Desconozco su situación, o más bien prefiero desconocerla, prefiero que ella quede resumida en esta semana maravillosa, en sus historias, en su olor de piel canela, en mi memoria, sin fotos, sin cartas de amor, solo cerraré mis ojos para esperar encontrar su respiración estrellándose contra mi pecho.
En estos casos el trato se pacta entre el amor y el olvido.
Retornar a la normalidad que separa a un par de extraños.
CATHERINE GOMEZ.

BULLERENGE

La línea blanca de la carretera disolviéndose en medio de las conversaciones inoficiosas de los extraños que hacían el mismo recorrido de viaje
La nube negra que anuncia el final del verano, el mismo árbol seco que se repite en el paisaje común de las tierras habitadas por los ancestrales palenqueros, y ese sonido infernal que tanto detesta del vallenato mezclado con aguardiente de alambique sucio.
Estos buses intermunicipales se llenan de cajas de cerveza, arroz y papel higiénico, las personas tienen que acomodarse como puedan, y con mucho cuidado para no permitir que el calor y la humedad le sellen la piel a las viejas y hediondas sillas donde deben sentarse. Sin embargo estas personas apiñadas como sardinas parecen felices aquí. Evidentemente no había un gramo de mi carne que encajara en ese ambiente desde hacia muchos años, pero entonces porque me permitía sufrir tan vertiginosamente?. La velocidad del inconciente chofer un negro cimarrón como de dos metros de altura y metro y medio de ancho, mas bien parecía la de un niño que atrapa moscas en un vaso de vidrio hasta que se mueren. El llanto de los pasajeritos, ( por hambre, por calor, o fastidio) le ponía el toque dramático a los 45 minutos mas largos y tediosos de mi historia. Estaba tan fuera de mi ecosistema por aquellos actos heroicos que le adjudican los sabios al amor. Por darle gusto a mi hombre. Estaba viviendo la antitesis del viaje feliz, no era discovery channel, no era la vida salvaje hacia un safari mágico y misterioso, era hacia la procesión que petrona Martínez le debía a la virgen del carmen por su gira exitosa en el este de Europa. Hacia tres meses petrona famosa en aquellas tierras de mala gana por su vos prodigiosa cantaora de bullarengues, había partido a la conquista del viejo mundo, con sus hijos tamboras, llamadores y gaitas. No puedo imaginarme todavía lo mucho que debió extrañar petrona el amanecer en el arroyo que corre detrás de su casa, poner la leña en el fogón para el primer café del día, o sentarse en su vieja mecedora a dormir nietos con sus canciones aprendidas y pasadas de mano en mano por mas de doscientos años. Y ahora yo una niña de la capital me adentraba en el territorio inhóspito del primer pueblo liberto de Colombia. Que aun conserva su lengua nativa, palenquero. San basilio de palenque no es mas que uno de estos corregimientos que no quedan muy lejos de Cartagena de indias, tiene en común con los otros que no quedan muy lejos de sus respetivas capitales departamentales, el abandono, la mala calidad en los servicios públicos y educación, pero tienen de sobra lo que les falta a las capitales. Orgullo por sus raíces y ancestros. Así pues seguí lo único que me daba fuerza, sentirme protagonista de una noche donde babulù y elejua se camuflaran tras las mantas largas y los gritos profundos de los africanos que hoy quinientos años después se convierten en colombianos, siempre he pensado que como africanos y /o colombianos la vida siempre les queda debiendo mas de lo que les da. Son personas integras olorosas a leña ahumada y cuero de tambora vieja, pero son las personas de las que está hecho este país. El país de los santos negros e indígenas que se disfrazan de vírgenes y altares repletos de flores de trinitarias o como decía mi abuela d la flor del verano, y no es que las rosas sean muy finas y por eso en la costa no se den, es que las cayenas y los coralinos adornar mas las orejas de las cantaoras de bullerenge, esta gente a recorrido mas que muchos de nuestros ministros de apellido largo y también en ese sentido han ganado y hecho mas por el buen nombre de mi país. Tal vez debería darme pena decir que mi pasaporte me pesa, que a veces me pregunto porque aquí señor? Porque aquí?. Pero aquí . aquí nací y supongo que es aquí donde siempre voy a querer volver. A morirme, a quejarme, a parir , o que se me infle el pecho como lo consigo cuando me entero de que solo lo mas inaudito bueno y malo tiene su cuna entre estos 47 millones de habitantes. Le debo a mis raíces negro- indias la fluidez de la palabra y la memoria del paraíso, le debo a los palos de mango la nostalgia de mi lengua, a los vallenatos que tanto odio, la certeza de mi oído que hasta con ellos cuando este lejos lloraré. Le debo a mi color de piel el que me note diez mil kilómetros del otro lado del atlántico en una multitud de arios europeos. Le debo la curiosidad de la gente que aunque sea con pena me preguntan y como es Colombia?. Y yo que llevo veinticinco años aquí les digo nunca la termino de conocer. No esperen que les diga las leyendas urbanas que la gente cultiva coca y canabis y amapola en sus jardines, no esperen que les diga que las mejores putas son colombianas, no esperen que les diga que todos dormimos con un revolver bajo la almohada o que le ponemos velitas a la foto de escobar para que descanse su alma en paz. Cuando me preguntan solo digo es el mejor país del mundo. Las mejores caderas se menean aquí , los mejores escritores se abren paso gracias a su colombianidad, al tesón a la perseverancia que vence lo que la dicha no alcanza. Las flores más bonitas, los mejores cuentos en torno a un café. La playas en la tierra del olvido, los nevados en el centro y occidente del pais, el magdalena, el amazonas. La música. Es que a Colombia la pinto Dios con la mejor acuarela pero entonces vino diablo un día y con envidia le manchó el lienzo . .

domingo, septiembre 18, 2005

EL ENCUENTRO


EL ENCUENTRO

Todo comenzó con mi antojo premenstrual de frozomalt. No debo faltar a la verdad, no se hace cuanto tiempo me inició este cuadro de dependencia crónica hacia el helado pero lo único que calma esta ansiedad hormonal y feromonal es la inmersión en sus afectos.

El encuentro sucedió un día cualquiera. Cuando llegamos a la tradicional Heladería Americana, la primera que visité al lado de mi tía Tita. Con esa inocencia de los 9 años me acerqué a la barra y le dije al hombre gordo de la caja registradora: “Señor aquí venden helados?”. Misteriosamente, 15 años después, el mismo hombre seguía atendiendo, a la misma hora, en el mismo lugar. Fue entonces cuando recordé la frase que alguien me dijo: “Tu vida se puede contar uniendo casualidades” y, efectivamente, la más grande de todas me esperaba.

Estaba apunto de la tarea más fastidiosa del mundo para mi neurosis: escoger una mesa. Porque justo quiero siempre la que está ocupada. Esta vez por un hombre de unos 60 años vestido de liki liki beige de cabello cano, bigote de general. Tuve la sensación de que él me recordaba a alguien, esa vaga sensación de no saber a quién. Entonces mi amor, que entre otras cosas se destaca por conocer media ciudad, me dice al oído: “A qué no sabes quién es ese hombre? “El que tiene mi mesa”, respondí de inmediato. “Pues no, ese hombre es hermano de Gabo”. Yo no lo podía creer, la divina providencia me servía en bandeja de plata al segundo hermano del ser que me ha inspirado e incitado lujuriosamente a seguir escribiendo.

Inmediatamente sentí el instinto de escritora corriéndome en las venas, el olfato cazador y la premura de la cercanía a mi sueño de conocerlo. Las pequeñas voces que todos tenemos se hicieron presentes. Me decían cosas como: “El señor debe estar cansado de que la gente le pregunte por el hermano”, además “es de mal gusto acercarse de repente sin conocerlo” y muchas otras que para efectos prácticos no vienen al caso. Decidí tomar la mesa justo al frente de la suya. Hombre misterioso, en fracciones de segundos comencé a compararlo fisonómicamente y entendí por qué apenas lo vi sentí que lo conocía de antes. Guardamos la distancia, la cordura y la prudencia hasta que se acercó el mesero, tomó el pedido y se fue. Mi acompañante, como leyendo mi mente, levantó su mano derecha y saludó a mi aparición divina con nombre propio: “Don Gustavo cómo le va?” Gustavo, así se llama, pensé. El, desde su mesa, lo saludó muy cortésmente. Yo me quedé petrificada en mi silla con la sensación de que mis nalgas se habían pegado para siempre ahí y podría nunca más levantarme y andar. Cierto rubor adolescente se quedó en mi cara por un tiempo. Finalmente pude levantarme y Juan me presentó formalmente. Gustavo nos invitó a sentarnos en su mesa. Tomamos el helado hablando un largo rato con él y yo me lamentaba por no tener una cámara o una grabadora a la mano, pero bueno, a veces los encuentros benditos se dan justo cuando no hay testigos.

La cercanía de mi acompañante hacia la familia provenía de su tesis de grado sobre la hija mayor del telegrafista, Carmen Rosa García, tesis que hasta el mismo Gabo leyó, entonces como siempre la casualidad y el amor me unieron a la persona indicada. Entramos fluidamente a una rica conversación y confieso jamás haber disfrutado tanto hablar con un sabio y coqueto viejo. Nos contó de su vida como cónsul en Venezuela, de su familia, de su esposa y, por supuesto, de su hermano. Lo que más me sorprendió es que don Gustavo también es escritor: “A mi me dicen que tengo cosas de Gabito, pero cómo no? si es genético: la misma crianza, los mismos lugares, las mismas anécdotas”.

Escritor es escritor. En esos momentos me desligué del cliché y el motivo inicial de ese encuentro casual y decidí asumirle a la vida esta ventaja de escritora. Fue entonces cuando por primera vez en público me eché al agua. Juan, quien tiene una fe algo sobrenatural en mí, le dijo: “Pero si ella también escribe y escribe muy bien”. Yo, roja de la pena, me enterré en mi silla y asentí con la cabeza. Don Gustavo dijo: “Qué bien y qué escribe?”. Poesía y cuentos cortos, respondí. “Yo también” afirmó él de inmediato. Entonces el interés por conocer sus escritos se apoderó de mí.

Un rato después subimos a saludar a su hermana Aída Rosa, una mujer fenomenal que nos abrió las puertas de su corazón y su hogar de par en par. Pude observar la cotidianidad de la familia con los apellidos mas recordados del país sin tener presidente electo en su árbol genealógico. Pude apreciar las fotos familiares, los personajes adquirieron un rostro real. Deduje quién se parecía a quién, y por qué. En fin, muchas preguntas que creí irresueltas se desenredaron gracias a mi encuentro. Casi concluyendo nuestra visita al edificio de apartamentos donde viven los García Márquez en una carrera concurrida y tradicional de Barranquilla, concertamos una cita para el día siguiente.

Llegamos a las 6.10 minutos de la tarde, retrasados, por algunos inconvenientes de tráfico. Saludamos a doña Aída, conversamos, nos reímos, nos contamos. Ella tenía que partir a un compromiso y yo me preguntaba “Dónde esta él?”. Cuando ella estaba apunto de salir, el entró con su esposa Lilia y unos papeles en la mano. Conversamos un rato y él me dejó leer un poema muy bello a Cartagena que había dedicado a un amigo muerto; un cuento sobre mitología griega y la situación del país; y el que más me impactó: un breve relato de la rebelión -por amor- de su madre doña Luisa Santiaga Márquez Iguarán, quien enfrentó a su padre cuando se enamoró del telegrafista, Gabriel Eligio García. El relato se titula “Gracias a Luisa Santiaga”. Y pienso que, en verdad, gracias a su férrea resolución hacia el amor, podemos gozar de las historias de estas bellas personas, del humor, la gracia y la picardía de don Gustavo, a quien le leí en serio y por primera vez mis poemas. Y quien me ha dicho muy sinceramente que le gustaron. Con eso me doy por servida. Pero sigo firme en propósito: cuando sea la hora, publicaré.

Por Catherine Gómez Pérez

miércoles, septiembre 07, 2005

VAMOS POR PARTES

A PARTES



La terraza de la casa amaneció cubierta totalmente de cenizas, las mismas cenizas que ella había dejado de fumarse en nombre del amor que le profesaba. La casa estaba intacta el fuego no la había tocado, los muebles seguían manchados por las copas del vino tinto viejo de algún momento de bohemia y tersura, el ventilador de techo con el chillido de que era hora de limpiarlo, la gotera en el grifo de la cocina clamando por el silencio. y la respiración lenta de Sofía consumiéndose tras los gritos de placer de la nueva amante de su actual amor. Hacía dos años el se había mudado desde el edificio de enfrente a uno de las dos habitaciones disponibles en el departamento de ella, en ese entonces ella era amante de Antonio un hombre destinado a casarse con la hija de un político en Cartagena de indias, el misterio siempre fue si la prometida de Antonio sospechaba, o sabia que su futuro esposo compartía la cama con casi todas las mujeres de la ciudad entre semana y que luego cien kilómetros al este compartía el cuarto de invitados en casa de los padres de ella , para guardar las apariencias en la sociedad de mierda y el buen nombre del dinero ganado a punta de corrupción. Sofía nunca sé caracterizó por tener relaciones estables, sanas, o completas, para ella a estas alturas de la vida le alcanzaba con una buena conversación, varios polvos por noche, y uno que otro bolero. Entonces entre ella y Antonio el trato era obvio, de lunes a viernes de diez de la noche a seis de la mañana y todos felices, pero en ella se cultivaba el asomo de la esperanza, ese sentimiento que solo nos lleva a desear mas de lo que realmente hay, casi al final esperaba que el no se casará, que dejara atrás todo y sé quedara cómodamente con ella viviendo el sexo como se podía, como lo había, como quería, incluso sin importar que ocasionalmente tuviera que compartirlo con algunas otras , que querrían mas o lo mismo que ella. La ambición de Antonio siempre le pudo más, y ella lo presentía así, entonces sé precipito una noche a hacerle varias veces el amor casi hasta matarlo de placer y de deseo, entonces como a eso de las tres de la mañana muy antes de lo previsto le soltó un terrible- te pido un taxi?- ya el había visto varias veces a Sofía hablando con el vecino del edificio de enfrente, no se le permitía un reclamo, un insulto o un comentario eso no hacia parte del pacto entre ellos, y Sofía al principio vio al vecino como una excusa, como un salvavidas, como la amistad que le permitiría tener las fuerzas para sacarse el Cáncer de Antonio por un buen rato. Entonces Antonio entendió que no había lugar a explicaciones o preguntas que ella le había ahorrado el trabajo o el dolor o la incomodidad de decirle en pocas semanas que no se verían mas. Al día siguiente Alberto ya dormía en cama de Sofía, el solo peso de su cuerpo cuadrado sobre el colchón la tranquilizaba, y casi automáticamente la palabra, el sudor, y el susurro de Antonio se fueron desvaneciendo como la espuma del capuchino en boca de quien lo bebe rápido. A Antonio la unía las largas noches de bohemia, las bocanadas eternas de cigarrillos, las copas de vino, y el jazz. En pocas palabras el vició de estar incomprendida en un mundo donde nadie entiende nada.
Decía que la terraza había amanecido dos años después de la boda de Antonio llena de cenizas, pero que la casa no se había quemado. Pero para que quemar la casa si la que se consumía era Sofía. Y tanto llanto no la apagaba, y tanta esperanza de que la amante de Alberto se fuera pronto para otra tierra, para otra vida, para otro plano no la abandonaban. Ella ahora solo quería recoger los pedazos de Alberto para volverlo a consolar como cuando lo conoció. Como cuando ambos apagaron sus penas en dormir juntos , amanecer juntos y vivir juntos, sin conocer nada del otro, nada mas allá del nombre y el natalicio respectivo, nada mas allá del sexo o de la gota de agua, nada mas allá del eterno silencio de el. No parecía hombre si no gato, y nunca le gustaron los gatos y esto lo entendió mucho después. Cuando ya la sangre manaba de la herida, cuando la almohada acallaba su grito de terror. Cuando la repugnaba y lo repugnaba, cuando salió a flote su lado oscuro. Porque ella no soportaba más el silencio de Alberto que sé convirtió en indiferencia, la indiferencia que se convirtió en desamor, el desamor que luego fue compartir la vida de un muerto. Para que compartir la vida de un muerto, para eso mejor matarlo, pero no lo mataba a el, los mataba a todos, desde su padre con su correa de cuero azotándola por educarla con amor, y su novio que tenia otro novio, y su Antonio que tenia una vida de mentiras, y su Alberto que ahora simplemente era partes de una clase de anatomía. Fue fácil llevarlo por partes a las clases de medicina en la universidad, primero una pierna, luego otra, luego el tronco, cada estudiante compraba su muerto para estudiarlo por partes o entero. Por lo general por partes, era mas ético y mas barato, por eso nunca concordaban las partes, pero curiosamente el de ella era hermoso y perfecto, incluso descuartizado como pollo de corral él conservaba sus ojos azules profundos y su cabello liso rubio. Y ese silencio que compartieron desde el principio se quedó por siempre entre ellos. Ahora era totalmente de ella..
Y las cenizas?.
Volvió a fumar.
Fin
Catherine Gomez.